Saturday, September 18, 2010

CRISIS

Llega un momento en el cual palabras como inmensidad, trascendencia o destino explican el estado interno del ser, o de eso que llamamos como tal, o lo que cree algún Yo que es eso, en fin. El punto es, que se presentan los acontecimientos con tal fuerza de verdad que el silencio es el único gesto. Ya se ha saciado el cuerpo y sin embargo, la sensación de insatisfacción es recurrente, la ansiedad se incorpora a cada acto sucesivo y perplejo ante la complejidad de uno mismo, se decide volar de algún modo: se escribe, se pinta, se crea o recrea; pero la imperfección de la materia frustra esa necesidad de totalidad que íntimamente se experimenta. El silencio, la creación. Se vuela entonces con el canto o la danza y ahí está otra vez el cuerpo que gravita; mas todo ello ha sido preámbulo para acoplar lo externo con lo interno. Con paciencia y observando se va cayendo en cuenta de que algo se ha logrado, que existe mayor coherencia, que se ha dado orden a lo que permite Ser: palabra, sentimiento y acción. ¿Qué hago? Una vez más la pregunta del vacío recurrente, se cae una vez más en la desidia, en la alarmante ansiedad, emergen las pasiones: se envidian los logros de los demás, da rabia la actual condición, se quiere evadir con el sexo, la bebida, las drogas, el exceso; después de todo ello se justifica la debilidad sintiéndose superior al otro, se piensa para sí mismo: es que soy el más grande, el mejor, soy un incomprendido. Una vez cesa esta mentira se siente falsamente relajado y se opta por recostarse en la cama a no hacer nada; entonces ocurre el milagro: se sueña. Termina el sueño, se despierta y todo aparece como nuevo, ya no se es el mismo, no se tiene miedo y se siente la necesidad de ir en búsqueda de otros.

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